jueves, 2 de julio de 2009

Utilidad de las musas infieles

Un hombre despierta con una erección imponente. Ha soñado con la mujer que lo dejó. No es extraño. Cada noche sueña con ella y cada noche ella lo abandona. A veces lo escupe y lo patea. En el ultimo sueño ella estuvo cariñosa y dulce, le dijo yo te quiero y él tuvo esa erección. Después lo miró con burla y se rió a carcajadas. Entonces él despertó, sintiéndose vejado pero con la erección indemne. En la gaveta de la mesa de noche está todavía la foto de ella. El hombre la saca y la mira con rabia y con amor. Puta, dice y lloriquea un poco. Intenta masturbarse mirando la foto y llorando al mismo tiempo. No funciona. Al final tira la foto en el cesto de los papeles viejos en un gesto teatral y premeditado, y se sienta frente a la máquina de escribir. Escribe con rabia y con amor. Sesenta y nueve páginas. Cuando termina se masturba, eyacula y se limpia con las páginas recién escritas. Recoge la foto, la besa, vuelve a decirle puta y la guarda en la gaveta.
Después llama a su editora.

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