jueves, 19 de noviembre de 2009

Poemas de Alessandra Tenorio

Para Alina, Regi, Ernesto, los 4 gatos y dos o tres mexicanos que leen esta pagina de vez en cuando, estos poemas de Alessandra Tenorio tomados de la revista Los noveles.

Fiesta infantil

Para Serci


Aquella noche, Lanusse,
la historia había cambiado para siempre.
Nadie custodiaba la puerta de las fábulas.
Y tú, pequeña, como un sol de juguete,
quisiste ser su redentora.
Qué era entonces la moral
sino dos o tres dibujos
a carboncillo negro.
Qué era entonces el amor
sino las dos cerezas de la torta.
Qué era entonces, Lanusse
ver la humanidad representada
en muñequitos de plástico.
Qué era la vida, entonces,
cuando los hombres eran azules y bellos
y las manzanas rebosaban en algún árbol cercano.
Qué era para ti, Lanusse,
abrir esa puerta infinita y
encontrar mil preguntas.
Mientras las fábulas chillonas
nos envolvían gritando:
“todos somos niños
hasta que se pruebe
lo contrario.”



OCURRE QUE tal vez el amor sea una elección diaria
meteorológica
calendarística
o estúpida

Ocurre que tal vez la palabra tenga algún valor
y no se pueda decir siempre con igual desparpajo
como quien dice: hola
adiós
pan
o agua

Ocurre que hoy, precisamente hoy, al levantarme
decido que seas tú
quien me tienda la cama
me prepare el café

me conciba un hijo

...y mañana
mañana tal vez sólo desee
que seas mi amigo, mi hermano o mi padre
el que me enseñe a cruzar pistas
el que me obligue a comer cebollas

Y quién sabe
tal vez algún verano
abriré la puerta
para que envejezcamos juntos

Y seré para ti
lo que un día de calor
un año bisiesto
o un reloj atrasado
nos dicte al oído



ME HAN CONTADO que en francés
el miedo es verde
y los hombres son fuertes
como turcos
y aquí, en mi español
que desliza desgastando
las palabras,
el miedo es reflejo entre cristales
los hombres no saben nada de Turquía
(¿de qué color serán
los suspiros de los turcos
en la noche?)
aquí en Lima
el miedo nada tiene que ver
con los colores
pero todo es visible
Lima es un terreno de posibilidades

jueves, 13 de agosto de 2009

Empezar de cero

Faltando varios días para el final del plazo, me dije, por qué esperas, Pablo, sentado la solución de tus problemas. Me levanté y anduve por el bosque perdido y descubrí que la luz está donde quiera que vayas y que el dolor puede quedar atrás, pero va a seguir ahí cuando regreses. Encontré que uno puede escaparse de sí mismo, que equivale a cometer suicidio por un rato, unos días, unas horas; y que esto puede conseguirse por diferentes vías, el alcohol, las drogas, o un largo y solitario vagar entre los árboles. Descubrí que hay pocos bosques en el mundo, pocos espacios donde refugiarse y por eso los hombres sin valor persiguen mundos imaginarios dentro de las botellas de ron, los polvos blancos o el humo de plantas alucinógenas.
Regresé a mí al cabo de unos meses y aún Margarita no me amaba. Aún mi casa estaba triste y desmantelada y aún no había dinero en mis bolsillos ni paz en mi corazón, y supe que las postergaciones no conducen a nada. Por eso lleno de dolor le escribo a Margarita diciendo que la amo, y me hace feliz que ella lo sepa aunque no sepa qué hacer con el amor que le regalo en esta carta.
Pinto mi casa devastada y salgo con el eterno vacío en mis bolsillos a lanzarme otra vez en medio de este mundo. Lloro de noche y río cuando puedo, y soy feliz de haber encontrado en el bosque algunas fuerzas para empezar de nuevo.

viernes, 7 de agosto de 2009

Poema triste y cursi

Por la oscuridad navego
Por el silencio
Por la ausencia de ti.

Por la oscuridad navego sin palabras.
De isla en isla voy,
descubriendo paisajes que quiero regalarte.
Tú no estás.
Adonde envío los versos que invento para ti.
Adonde llevo esta barca fatigada

A veces bordeo un puerto.
No es el lugar que busco,
Es solo un puerto.
Un sitio donde bajar las velas.
A veces quiero quedarme en esa tenue y pequeña lucecita.

Porque en la oscuridad navego.
En el silencio
En la ausencia de ti.

viernes, 10 de julio de 2009

Te regalaré un abismo


Te regalaré un abismo, dijo ella.
Pero de tan sutil manera que solo lo percibirás
Cuando hayan pasado muchos años
Y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
Y ese no será
El final feliz,
Pero sí un instante de vacío y de felicidad.
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
Aunque no mucho.
Roberto Bolaño

jueves, 2 de julio de 2009

Utilidad de las musas infieles

Un hombre despierta con una erección imponente. Ha soñado con la mujer que lo dejó. No es extraño. Cada noche sueña con ella y cada noche ella lo abandona. A veces lo escupe y lo patea. En el ultimo sueño ella estuvo cariñosa y dulce, le dijo yo te quiero y él tuvo esa erección. Después lo miró con burla y se rió a carcajadas. Entonces él despertó, sintiéndose vejado pero con la erección indemne. En la gaveta de la mesa de noche está todavía la foto de ella. El hombre la saca y la mira con rabia y con amor. Puta, dice y lloriquea un poco. Intenta masturbarse mirando la foto y llorando al mismo tiempo. No funciona. Al final tira la foto en el cesto de los papeles viejos en un gesto teatral y premeditado, y se sienta frente a la máquina de escribir. Escribe con rabia y con amor. Sesenta y nueve páginas. Cuando termina se masturba, eyacula y se limpia con las páginas recién escritas. Recoge la foto, la besa, vuelve a decirle puta y la guarda en la gaveta.
Después llama a su editora.

lunes, 22 de junio de 2009

Fragmento de la novela 2666, de Roberto Bolaño.

En esas páginas de un libro con tapas amarillas se decía todo con tanta claridad que a veces Florita Almada pensaba que el autor había sido amigo de Benito Juárez y que éste le había confidenciado al oído las experiencias de su niñez. Si es que eso es posible. Si es que es posible transmitir lo que se siente cuando cae la noche y salen las estrellas y uno está solo en la inmensidad, y las verdades de la vida (de la vida nocturna) empiezan a desfilar una a una, como desvanecidas o como si el que está a la intemperie se fuera a desvanecer o como si una enfermedad desconocida circulara por la sangre y nosotros no nos diéramos cuenta. ¿Qué haces, luna, en el cielo?, se pregunta el pastorcillo en el poema. ¿Qué haces, silenciosa luna? ¿Aún no estás cansada de recorrer los caminos del cielo? Se parece tu vida a la del pastor, que sale con la primera luz y conduce el rebaño por el campo. Después, cansado, reposa de noche. Otra cosa no espera.
¿De qué le sirve la vida al pastor, y a ti la tuya? Dime, se dice el pastor, decía Florita Almada con la voz transportada, ¿adónde tiende este vagar mío, tan breve, y tu curso inmortal?
Al dolor nace el hombre y ya hay riesgo de muerte en el nacer, decía el poema. Y también: Pero ¿por qué alumbrar, por qué mantener vivo a quien, por nacer, es necesario consolar? Y también:
Si la vida es desventura, ¿por qué continuamos soportándola?
Y también: Intacta luna, tal es el estado mortal. Pero tú no eres mortal y acaso cuanto digo no comprendas. Y también, y contradictoriamente: Tú, solitaria, eterna peregrina, tan pensativa, acaso bien comprendas este vivir terreno, nuestra agonía y nuestros sufrimientos; acaso sabrás bien de este morir, de esta suprema palidez del semblante, y faltar de la tierra y alejarse de la habitual y amorosa compañía. Y también: ¿Qué hace el aire infinito y la profunda serenidad sin fin? ¿Qué significa esta inmensa soledad? ¿Y yo qué soy? Y también: Yo sólo sé y comprendo que de los eternos giros y de mi frágil ser otros hallarán bienes y provechos. Y también: Mi vida es mal tan sólo. Y también:
Viejo, canoso, enfermo, descalzo y casi sin vestido, con la pesada carga a las espaldas, por calles y montañas, por rocas y por playas y por brañas, al viento, con tormenta, cuando se enciende el día y cuando hiela, corre, corre anhelante, cruza estanques, corrientes, cae, se levanta y se apresura siempre, sin reposo ni paz, herido, ensangrentado, hasta que al fin se llega allá donde el camino y donde tanto afán al fin se acaba: horrible, inmenso abismo donde al precipitarse todo olvida. Y también:
Oh, virgen luna, así es la vida mortal. Y también: Oh, rebaño mío que reposas acaso ignorando tu miseria, ¡cuánta envidia te tengo! No sólo porque de afanes te encuentras libre y todo sufrimiento, todo daño, cada temor extremo pronto olvidas, acaso porque nunca sientes tedio. Y también: Cuando a la sombra y en la hierba tú descansas estás dichoso y sosegado y la mayoría del año vives en tal estado sin hastío. Y también: Yo a la sombra me siento, sobre el césped, y de hastío se llena mi mente, como si sintiese un aguijón. Y también: Y ya nada deseo y razón de llorar nunca he tenido. Y llegada a este punto, y después de suspirar profundamente, Florita Almada decía que se podían sacar varias conclusiones. 1: que los pensamientos que atenazan a un pastor pueden fácilmente desbocarse pues eso es parte de la naturaleza humana. 2: que mirar cara a cara al aburrimiento era una acción que requería valor y que Benito Juárez lo había hecho y que ella también lo había hecho y que ambos habían visto en el rostro del aburrimiento cosas horribles que prefería no decir. 3: que el poema, ahora se acordaba, no hablaba de un pastor mexicano, sino de un pastor asiático, pero que para el caso era lo mismo, pues los pastores son iguales en todas partes. 4: que si bien era cierto que al final de todos los afanes se abría un abismo inmenso, ella recomendaba, para empezar, dos cosas, la primera no engañar a la gente, y la segunda tratarla con corrección. A partir de ahí, se podía seguir hablando.

jueves, 4 de junio de 2009

Dos cuentos de David Foster Wallace

Hoy supe que murió David Foster Wallace.
De hecho supe que murió y al mismo tiempo descubrí que había nacido en algún lugar de este mundo hace un poco más de 46 años. Descubro también que es el tipo de escritor que probablemente yo querría ser. Aunque tal vez ser un escritor de ese tipo incluya eso de suicidarse, especialmente con una soga, idea que no parece nada agradable. Entonces dudo acerca de si deseo o no ser como David Foster Wallace.

Estos dos relatos pertenecen a su volumen de cuentos Entrevistas breves con
hombres repulsivos.

I
Igual que en todos los demás sueños, estoy con alguien a quien conozco y no sé de qué, y de pronto ese alguien me dice que estoy ciego. Literalmente ciego, invidente, etcétera. O bien es en presencia de esa persona cuando me doy cuenta de pronto de que soy ciego. Y lo que me pasa cuando me entero es que me pongo muy triste. De alguna forma la persona se da cuenta de lo triste que estoy y me avisa de que llorar me va a perjudicar los ojos por alguna razón y va a empeorar la ceguera, pero yo no puedo evitarlo. Me siento y empiezo a llorar mucho. Me despierto llorando en la cama y lloro tanto que no puedo ver ni pensar ni hacer nada. Mi novia se despierta preocupada y me pregunta qué me ocurre, y todavía pasa un minuto o más hasta que consigo calmarme lo bastante y darme cuenta de que estaba soñando, que en realidad no estoy ciego y que estoy llorando por nada, entonces le hablo a mi novia del sueño y ella me da su opinión. Durante todo el día mientras estoy trabajando soy increíblemente consciente de mi visión y de mis ojos y de lo bueno que es poder ver los colores y las caras de la gente
y saber exactamente dónde estoy, y de lo frágil que es todo, el mecanismo de la visión humana y la capacidad de ver las cosas, de lo fácil que puede perderse, de que siempre estoy viendo gente ciega con bastones y con expresiones raras en la cara y siempre me resulta interesante observarlos durante un par de segundos sin pensar nunca que tengan nada que ver conmigo o con mis ojos, y de que es simplemente una feliz coincidencia que yo pueda ver en lugar de ser una de esas personas ciegas a quienes veo en el metro. Y durante todo el día en el trabajo, cada vez que todo eso me viene a la cabeza, me desplomo otra vez y estoy a punto de romper a llorar y lo único que me disuade de llorar es que las separaciones entre los cubículos son muy bajas y todo el mundo puede verme y se preocuparían,
y todo el día después del sueño es así, y resulta infernalmente cansado, mi novia diría que es emocionalmente agotador, y ficho temprano y me voy a casa y estoy tan cansado y tengo tanto sueño que apenas puedo mantener los ojos abiertos y cuando llego a casa me voy directo a la cama y me meto en ella aunque sean las cuatro de la tarde y me quedo prácticamente amodorrado.

El diablo es un hombre ocupado

Y cuando encontraba algo que estaba nuevo o cuando limpiaba el cobertizo de las máquinas o la bodega a menudo papá descubría que tenía algún trasto que ya no quería y del que tenía que librarse y como estaba muy lejos para llevarlo en la camioneta hasta el vertedero o a la tienda Goodwill del pueblo llamaba por teléfono para poner un anuncio en el Trading Post del pueblo para regalarlo a quien lo quisiera. Porquerías como un sofá, una nevera o una caña vieja. El anuncio decía: Es gratis ven y llévatelo. Y aun así siempre pasaba un tiempo desde que lo ponía hasta que alguien llamaba y el trasto se quedaba en el porche molestando a papá hasta que uno o dos tipos del pueblo llegaban por fin a casa
para echarle un vistazo. Y resultaba que se mostraban desconfiados y ponían una cara impenetrable como si estuvieran jugando cartas y daban vueltas alrededor del trasto y lo tocaban con la punta del zapato y decían: Dónde lo has encontrado qué le pasa cómo es que tienes tantas ganas de librarte de él.
Negaban con la cabeza y hablaban con su parienta y dudaban todo el tiempo y sacaban a papá de sus casillas porque lo único que él quería era regalar una caña vieja a cambio de nada y sacarla del porche y en cambio allí seguían robándole su tiempo y obligándole a dar más y más rodeos con aquella gente para convencerlos de que se la llevaran. Hasta que se cansó y entonces cada vez que quería librarse de algo lo que hacía era colocar un anuncio en el Trading Post y poner cualquier precio idiota que se inventaba sobre la marcha cuando hablaba por teléfono con el tío de Trading Post. Cualquier precio idiota que fuera prácticamente nada. Rastra Vieja Con Dientes Un Poco Oxidados $5, Sofá Cama JC Penny Verde y Amarillo $10 y rollos por el estilo. Y entonces pasó que llamaba la gente el primer día que el Trading Post publicaba el anuncio y se acercaban desde el pueblo y hasta venían de otros pueblos más lejanos donde también se recibía el Trading Post y aparcaban removiendo toda la grava y apenas miraban el trasto e intentaban que papá se quedara con los cinco dólares o los diez dólares como fuera antes de que alguien más se lo pudiera quedar y si era algo pesado como el sofá yo les ayudaba a cargarlo y se lo llevaban en un santiamén. Ponían una cara distinta, igual que sus mujeres en la camioneta, estaban contentos y sonrientes y cogían a la parienta por la cintura y se despedían de papá con la mano cuando se alejaban. Muertos de felicidad por haberse llevado una rastra vieja por prácticamente nada. Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo y luego me dijo que fuera a sacar la grava de la zanja con el rastrillo antes de que se le jodiera el desagüe.

viernes, 15 de mayo de 2009

Poesía Clásica China

EN LAS MONTAÑAS, A UN AMOR PERDIDO
No advertí tu leve paso
en las aguas arrugadas de mis sueños,
el amanecer azul del rio
mezcló tus pies transparentes
con las hojas doradas del otoño.
¿Me habrías amado ciegamente?
¿Habrías lavado tus cabellos
en el vino oscuro de mis labios?
Ya sólo te puedo ofrecer el viento de mi amor
y la blanca canción de mis huesos helados.

Wang Bai-Yi (681-752)
(Traducción: L. Tamaral)

ESPERANDO EL AMANECER
Si la luz se deshiciera entre tus dedos
como el amor,
mis sombras se harían grandes y azules
como la muerte,
y la luna seguiría brillando
en la trémula soledad
de mi jardín.

Wang Bai-Yi (681-752)
(Traducción: L. Tamaral)

NOCHE EN LAS MONTAÑAS
Quieto como un pozo
veo navegar las estrellas.
Al llegar las cigüeñas
siento el frío en las venas.
Hoy tampoco estarás conmigo.

Wang Bai-Yi (681-752)
(Traducción: L. Tamaral)

EN LA MONTAÑA HUANGSHAN
Llevo varios años
viviendo en la montaña Huangshan.
Ningún amanecer
ni puesta de sol
podrá ocupar el lugar de la luz
o el recuerdo
de tu imagen.

Wang Bai-Yi (681-752)
(Traducción: L. Tamaral)